Opinion: La traición del Presidente Moreno a la 35

La traición del Presidente Moreno a la 35, por: Dr. José Elías Rodriguez

La deplorable situación política que vive Ecuador, evidencia cierta actitud de desarraigo con respecto a las leyes, es notorio el desconsuelo ante la democracia, en que los espacios de discusión en los últimos años fueron casi nulos. El presidente Constitucional Lenin Moreno ha promovido y defendido una apertura civilista para dialogar sobre políticas del gobierno y/o decisiones legislativas como parte del régimen democrático.

Esta decisión de dialogo nacional ha iniciado una pugna al interior de Alianza País. La acusación de traidor contra Lenin Moreno, presidente del partido, es pronunciada en distintas esferas de Alianza País, lo cual ha dividido a la militancia.

Pero no se entiende la sorpresa de los dirigentes y la desinformación a las bases, si el presidente Moreno por medio de una carta enviada desde Ginebra con fecha 30 de Marzo del 2016 manifestó detalladamente su plan y estilo de gobierno, si todos lo sabían, o no se tomaron el tiempo de leer y analizar?

No es hora de desconocer su propuesta presentada al buró para aceptar ser candidato presidencial de la lista 35.

Desde esa perspectiva democrática, se debe promover la idea de que las transformaciones políticas socialmente necesarias, deben lograrse a partir de reformas legales y por procedimientos pacíficos.

Proyecto que, mirándolo bien, es un poderoso argumento para optar por esta vía, especialmente si se lo compara con los beneficios inciertos que puede traer iniciar una reforma política por medios anti-democráticos.

Porque en un régimen democrático constitucional se debe tener en cuenta que desobedecer una determinada Ley es legítimo. Esta apreciación apunta a tener en cuenta las verdaderas posibilidades constitucionales de las reformas políticas logradas por medio de procesos que consideren el ejercicio de un disentimiento activo que incluiría ciertas presiones políticas no ortodoxas, entre ellos la desobediencia civil y la objeción de conciencia. Desde esta apreciación una acción de desobediencia civil tendería a fortificar el ordenamiento político existente, estimado como razonable por las partes y, por esa razón, sostenible.

La propuesta de dialogo nacional está, pensado para un régimen constitucional democrático con la participación activa e interesada de cada uno de los diferentes actores sociales en la toma de las decisiones que les compete; participación que es derivada del reconocimiento de la autonomía de las personas.

Desde esta visión, la participación política legítima, entendida como ejercicio real, debe incluir un tipo de desacuerdo, que regularmente se presenta de manera negativa, y que por tanto, no sólo no obedecerá la norma o la política con la que está en discrepancia sino que promoverá acciones para hacerle una oposición política que las eche atrás.

Sin embargo, debe tenerse muy en cuenta que desobedecer políticamente en un régimen democrático puede resultar problemático pues pone en tela de juicio un régimen cuyos presupuestos se basan, por un lado, en la participación voluntaria de los ciudadanos y, por otro, en la defensa y promoción concertada del interés público, mientras que en un régimen autoritario existen razones que justifican sobradamente una actitud de desobediencia, o de oposición a mayor nivel, sin que dicha actitud deba ser política o moralmente problematizada.

El procedimiento democrático es adecuado para unificar criterios entre individuos auto-interesados, que consideran necesaria la existencia de métodos legítimos de participación.

En una acción de desobediencia civil el régimen democrático, el cual estimamos como bueno, podría verse gravemente afectado en cuanto es puesta en tela de juicio la legitimidad de una norma o la gobernabilidad; por esa razón hay que ser prudentes con tal forma de oposición, especialmente, cuando las causas de la desobediencia no están bien motivadas o la estabilidad del régimen democrático peligra.

Esto debería llevar a que los agentes que desobedecen políticamente no piensen sólo en la exigencia del ejercicio pleno de los derechos sino que, eventualmente hagan un poco de sacrificio como garantía para que el orden democrático se sostenga.

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