La constitución y los derechos humanos

La constitución y los derechos humanos

Con la flamante constitución, la sociedad ecuatoriana adoptó un sistema universal que
reconocía los nuevos derechos inherentes al ser humano. Este sistema fue dotado de
instrumentos e instituciones, abocados a su promoción, custodia y defensa; con la finalidad de
transformar en realidad los ideales ciudadanos.

A partir de la aprobación de la nueva carta magna, se originó una transformación nacional que
suministró nuevas reglas a instituciones con una naturaleza específica y que respondía a las
necesidades de cada contexto en particular. Estas reglas se apegaban a las adoptadas por la
Convención Americana de Derechos Humanos.

Asimismo trastocó el nivel interno, y desde entonces, los derechos humanos han tenido una
fuerza creciente, a través de su incorporación en los textos constitucionales de los Estados de
casi todo el continente.

La sistematización de los derechos humanos y el reconocimiento del valor legalista que tienen
para el estado, no es objeto de juicio. Sin embargo, observamos una aparente facilidad para
evadir su cumplimiento, sumado a la complejidad que ha adquirido la aplicación de estos
derechos, y en cierta medida, la manipulación ideológica cuando el tema de los derechos
humanos es usado políticamente.

De lo que se duda entonces, es de su correcta inmersión en el estado de derecho. Tenemos una
disparidad entre el plano teórico, y la capacidad que encuentran los gobiernos autónomos
descentralizados para garantizar la plena vigencia de los derechos fundamentales. De esta
manera se objeta que cada GAD, no logre convertir en realidad cotidiana los derechos humanos
e impregne el tejido político-social.

Los derechos humanos son una fuente jurídica sin vigencia y distan de ser un modo de vida en
nuestra sociedad porque estas derivarían en un cambio en la mecánica política y social del
Estado. Es justamente en estos momentos cuando la realidad no compagina, e inclusive
contradice al proyecto de nación, cuando el Estado tiene frente a sí un examen que le permite
reflexionar y re-direccionar la forma de llevar a cabo la vida en sociedad.

El vislumbrar un Estado con verdadera perspectiva de derechos humanos, exige desterrar la
falsa visión en la que el respeto y garantía de los derechos fundamentales, es una pérdida de
poder y control. Eliminar esta convicción latente en la actuación de la autoridad, permite el
fortalecimiento del régimen democrático y por ende, el desarrollo social integral.

Esta nueva concepción reconoce a los derechos humanos como realidades superiores al propio
Estado, así, éste no solamente deberá abstenerse de violar los derechos humanos; pues su papel al
evolucionar se convierte en promotor activo de los mismos; es decir, una verdadera
política de Estado de derechos humanos implica que en cada acción estatal se encuentre el
respeto irrestricto a estos derechos, sin importar la naturaleza u órgano de acción. En el
momento en que se entiende esta nueva concepción, se construye una visión común y
diferente de Estado.

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